Stories · Emotions · Life

LEITURA EM PARTESParte 4 de 10

PARTE 4

Dos días después, Elena salió por primera vez de la residencia desde el funeral. Teresa insistió en acompañarla, pero ella prefirió ir únicamente con el chofer hasta el despacho del abogado. Quería entender personalmente qué debía hacer para que el divorcio siguiera adelante y qué consecuencias tendría el convenio que Adrián ya había firmado.

El abogado le explicó que la firma facilitaba la negociación patrimonial, pero que la disolución del matrimonio debía seguir el procedimiento correspondiente. Elena dejó claro que no quería una batalla.

—No estoy buscando castigarlo —dijo—. Solo quiero terminar legalmente este vínculo.

También pidió que quedara asentado que las cenizas de Mateo permanecerían con ella. No existía una disputa real sobre eso, pero Elena necesitaba saber que podía marcharse sin que nadie utilizara a su hijo para retenerla.

Cuando regresó a casa estaba exhausta.

Adrián la esperaba en el vestíbulo.

—¿Dónde estabas?

—Resolviendo asuntos personales.

—¿Qué asuntos?

Elena hizo un esfuerzo por seguir caminando.

—No tengo energía para discutir.

Él se colocó frente a ella.

—No estoy discutiendo. Estoy preguntando.

—Y yo te estoy diciendo que ahora no puedo hablar.

Adrián iba a insistir cuando notó que Elena había cerrado los ojos y apoyado una mano contra la pared.

—¿Qué te pasa?

—Nada.

—Eso no parece nada.

Intentó sujetarla, pero Elena se apartó.

—Estoy cansada.

—Llevas días diciendo lo mismo.

Ella continuó hasta su habitación.

Adrián fue detrás.

—¿Fuiste al médico?

Elena se detuvo.

—No.

No era mentira. Aquella mañana había ido con el abogado.

—Entonces deja que alguien te revise.

—No hace falta.

Adrián sintió nuevamente aquella mezcla de frustración y miedo que no sabía nombrar.

—Perdiste a Mateo hace unos días, estuviste una semana arrodillada y casi no comes. ¿Cómo puedes decir que no hace falta?

Elena soltó una risa apagada.

—Es curioso escucharte preocuparte ahora.

—¿Qué quieres que haga? ¿Que ignore que apenas puedes mantenerte de pie?

—Eso hiciste durante bastante tiempo.

La frase lo hizo callar.

Elena entró en la habitación y cerró la puerta.

Esa misma noche, Adrián buscó a Teresa.

—Elena está enferma.

Su madre permaneció inmóvil.

—Está agotada.

—No me digas eso. Hay algo más.

Teresa evitó mirarlo.

—Si Elena quiere hablar contigo, lo hará.

—¿Tú sabes algo?

—Sé muchas cosas que debiste saber tú porque eras su esposo.

—Mamá.

—No voy a traicionar su confianza.

Aquella respuesta confirmó sus sospechas.

Adrián fue directamente a buscar a Elena, pero se encontró con Renata en el corredor.

—¿Puedes venir un momento? —preguntó ella—. Quería enseñarte unas cosas para la cena del sábado.

—Hoy no.

Renata parpadeó sorprendida.

—¿Pasó algo?

—Elena no se siente bien.

—Ha estado mal desde lo de Mateo. Es normal.

Adrián la miró.

—No creo que sea solo eso.

Renata guardó silencio unos segundos.

—Tal vez deberías dejarla descansar.

—Eso voy a hacer.

Por primera vez, no siguió a Renata.

Al día siguiente, Elena comenzó a sacar definitivamente sus pertenencias de la habitación matrimonial. No eran muchas. La mayoría de los objetos valiosos que Adrián había comprado durante los años de matrimonio permanecieron allí.

—¿No vas a llevarte esto? —preguntó él señalando varios bolsos y joyas.

—No los necesito.

—Son tuyos.

—Tú los compraste.

—Precisamente. Te los compré a ti.

Elena continuó doblando ropa.

—Adrián, no estoy intentando borrar cada cosa que me diste. Solo estoy decidiendo qué quiero cargar conmigo.

—¿Y yo estoy entre las cosas que decidiste dejar?

La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.

Elena levantó la mirada.

—Sí.

Adrián sintió un golpe seco en el pecho.

—¿Por Mateo?

—Mateo fue el final. No el principio.

—Entonces explícame.

—Ya no necesito que entiendas para poder irme.

Él apretó la mandíbula.

—¿Hay alguien más?

Elena lo miró con incredulidad.

—No.

—Entonces ¿por qué tanta prisa?

—Porque algunas personas no tienen todo el tiempo que creen tener.

Adrián volvió a notar aquella frase extraña.

—¿Qué significa eso?

Elena no respondió.

La presión dentro de su cabeza aumentó y tuvo que sentarse en la orilla de la cama.

Adrián se acercó.

—Voy a llamar a un médico.

—No.

—Esta vez no te estoy preguntando.

—Y esta vez yo tampoco.

Ella levantó la vista con una firmeza que lo detuvo.

—Mi cuerpo también es una decisión mía.

Adrián retrocedió lentamente.

Fue quizá la primera vez que comprendió que Elena ya no le estaba pidiendo permiso para nada.

Esa tarde, ella entregó al personal de la casa las últimas cajas que debían ser trasladadas. Había reservado una habitación temporal en otro lugar mientras decidía dónde pasar sus últimas semanas.

Teresa intentó convencerla de esperar un poco.

—Todavía estás débil.

—Por eso mismo necesito irme antes de estar peor.

Adrián escuchó aquella frase desde el pasillo.

Esta vez no pudo ignorarla.

—¿Antes de estar peor por qué?

Elena y Teresa se quedaron en silencio.

Adrián miró primero a su madre y luego a Elena.

—Quiero saber qué está pasando.

Elena se levantó.

—No hoy.

—¿Cuándo?

Ella pasó junto a él.

—Cuando yo decida contártelo.

Elena salió de la habitación y Adrián no la siguió.

Pero aquella noche ya no consiguió convencerse de que todo era solamente consecuencia del duelo.

Había algo que Elena sabía sobre su propio futuro.

Y, por primera vez, Adrián comprendió que quizá había llegado demasiado tarde incluso para tener derecho a preguntarlo.

La siguiente parte de la historia está justo abajo. Sigue leyendo conmigo 👇

 

DESCUBRA MAIS

Histórias mais recentes

Comece sempre pela Parte 1