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LEITURA EM PARTESParte 8 de 10

PARTE 8

El día anterior al vuelo, Natalia terminó de empacar temprano.

Su madre había insistido en cocinar una comida familiar antes de que se marchara. Al principio Natalia creyó que invitaría solamente a algunos parientes cercanos, pero por la tarde comprendió que también había llamado a Adrián.

No protestó.

Aquella era la casa de su madre.

Y Natalia ya no necesitaba controlar cada espacio para sentirse segura.

Adrián llegó solo.

Natalia notó inmediatamente la ausencia de su anillo de matrimonio.

No preguntó.

Si él quería hablar de eso, tendría que hacerlo sin esperar que ella adivinara.

La comida transcurrió mejor de lo que cualquiera habría imaginado semanas atrás.

La señora Salazar habló de Nicolás, pero también de asuntos cotidianos.

Se quejó del precio de algunas reparaciones de la casa, preguntó a Natalia por Seattle y regañó a Adrián por trabajar demasiado.

Durante unos minutos, la normalidad resultó casi desconcertante.

Después de comer, la madre de Natalia se retiró para contestar una llamada.

Adrián comenzó a recoger algunos platos.

Natalia lo ayudó.

Fue entonces cuando él habló.

—Elena y yo decidimos separarnos.

Natalia continuó colocando platos junto al fregadero.

—Lo siento.

Adrián pareció sorprendido.

—¿De verdad?

—Que algo termine siendo necesario no significa que tenga que ser fácil.

Él asintió.

—No lo fue.

Natalia no preguntó quién había tomado la decisión primero.

No preguntó si él seguía queriéndola.

No preguntó si su regreso había provocado la ruptura.

Adrián parecía esperar alguna de esas preguntas.

Ninguna llegó.

—Hablamos mucho estos días —dijo él—. Más de lo que habíamos hablado en años.

Natalia abrió la llave del agua.

—Eso probablemente era necesario.

—Sí.

Adrián tomó un trapo para secar los platos.

—Los dos entendimos que llevábamos demasiado tiempo intentando convertir ciertas decisiones en algo que quizá nunca fueron.

Natalia lo miró brevemente.

—No tienes que explicarme tu matrimonio.

—No quiero usarte para explicarlo.

Adrián dejó el plato que sostenía.

—Solo quiero asumir mi parte.

Natalia cerró la llave.

—Entonces hazlo con Elena.

—Lo estoy haciendo.

Aquella respuesta fue suficiente.

Más tarde, salieron al jardín.

La luz de la tarde caía sobre el mismo espacio donde habían hablado días atrás.

Adrián parecía más cansado que entonces, pero también menos defensivo.

—Mañana no voy a ir al aeropuerto si no quieres —dijo.

Natalia sonrió ligeramente.

—Eso sí que es progreso.

Él soltó una risa breve.

—Aprendí después de suficientes golpes.

—No todos te los di yo.

—La mayoría me los di solo.

Permanecieron en silencio.

Adrián fue el primero en volver a hablar.

—Hay algo que tengo que decirte antes de que te vayas.

Natalia lo observó.

—Si es para pedirme que me quede, mejor no lo hagas.

—No.

Él negó con la cabeza.

—Precisamente eso es lo que no quiero hacer.

Respiró profundamente.

—Durante muchos años pensé que llamarte hermana era la forma correcta de proteger la relación que tenía con tu familia. Cuando me dijiste lo que sentías por mí, pensé que la única manera de no destruirlo todo era mantener esa frontera.

Natalia escuchó sin interrumpir.

—Con el tiempo dejé de preguntarme si esa frontera seguía describiendo lo que realmente éramos. Simplemente la repetía porque era más fácil.

Natalia sintió que su corazón se aceleraba, pero no dijo nada.

Adrián continuó.

—Cuando murió Nicolás, me aferré todavía más a la idea de que tenía que ocuparme de todos. De tu mamá. De Elena. De ti.

—Excepto que conmigo decidiste que no era necesario.

Adrián asintió.

—Y fue el error que terminó mostrando todos los demás.

Se pasó una mano por el cabello.

—No voy a decirte que me casé con Elena porque no sentía nada por ella. Sería injusto y falso. Le tuve cariño, responsabilidad, afecto y compartimos un duelo que muy pocas personas podían entender.

Natalia agradeció que no intentara transformar a Elena en un accidente conveniente.

—Pero tampoco voy a decir que nuestro matrimonio funcionaba solo porque permanecimos juntos —continuó él—. Los dos entendimos que llevábamos mucho tiempo evitando esa verdad.

Natalia bajó la mirada.

—Eso es asunto de ustedes.

—Sí.

Adrián dio un paso atrás, dejando todavía espacio entre ambos.

—Y lo que siento por ti también es algo que debo asumir sin convertirlo en una obligación para ti.

Natalia levantó los ojos.

Adrián no utilizó palabras grandiosas.

No habló de destino.

No dijo que siempre la había amado.

Solo continuó:

—Cuando te vi en el aeropuerto entendí que llevaba tres años esperando encontrar a la misma Natalia que se había ido. Quería explicarle las cosas a esa mujer y conseguir que regresara a su lugar.

Hizo una pausa.

—Pero ella ya no existe.

Natalia sintió que las lágrimas le ardían en los ojos.

—No.

—Y no tengo derecho a pedirte que vuelvas a serla.

Aquella frase era probablemente lo más cerca que Adrián había estado de comprenderla.

Natalia respiró lentamente.

—Yo te amé durante siete años.

Adrián cerró los ojos un instante.

—Lo sé.

—No. Sabías que te perseguía. Sabías que te confesé mis sentimientos. Pero no creo que entendieras lo que significaba para mí confiar en ti desde que era niña.

Adrián no discutió.

—Cuando elegiste a Elena, no perdiste solamente a alguien que estaba enamorada de ti.

La voz de Natalia se quebró ligeramente.

—Perdiste a alguien que pensaba que, incluso si nunca la amabas de esa manera, jamás la dejarías sentirse reemplazable.

Adrián bajó la cabeza.

—Lo sé ahora.

—Y por eso no puedo darte una respuesta diferente solo porque finalmente lo entiendas.

Él levantó la vista.

Sus ojos estaban húmedos.

—No te la estoy pidiendo.

Natalia asintió.

Por primera vez, creyó aquella frase.

Esa noche durmió mejor de lo que había dormido desde que regresó.

No porque Adrián se hubiera separado.

No porque hubiera insinuado sentimientos diferentes.

Sino porque finalmente había ocurrido lo que ella necesitaba desde hacía años.

Adrián había reconocido el daño sin exigir una recompensa por hacerlo.

Y Natalia había podido escuchar aquello sin convertirlo en una razón para quedarse.

La siguiente parte de la historia está justo abajo. Sigue leyendo conmigo 👇

 

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