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LEITURA EM PARTESParte 7 de 10

PARTE 7

Natalia no supo de la conversación entre Adrián y Elena hasta varios días después.

Y cuando finalmente se enteró, no fue porque alguno de los dos corriera a contárselo.

Su madre mencionó, durante el desayuno, que Adrián había cancelado una visita porque tenía asuntos personales que resolver.

Natalia no preguntó cuáles.

Ese simple acto de no preguntar le confirmó cuánto había cambiado.

La semana de su vuelo se acercaba y ella prefirió utilizar su tiempo para ayudar a su madre a reorganizar la casa. Juntas decidieron qué objetos de Nicolás conservarían en su habitación, cuáles guardarían y cuáles podían donar.

No fue fácil.

Cada decisión parecía tener un peso desproporcionado.

—¿Y esta chamarra? —preguntó su madre.

Natalia la sostuvo.

Recordaba perfectamente a Nicolás usando aquella prenda.

—Guárdala por ahora.

Su madre asintió.

No todo tenía que resolverse de inmediato.

En medio del proceso, Natalia encontró la fotografía de los tres que había visto días atrás.

La llevó a la sala.

—Mamá, ¿quieres ponerla con las demás?

La señora Salazar observó la imagen de Nicolás, Adrián y Natalia durante unos segundos.

—Sí.

Natalia la colocó en un marco.

No arrancó a Adrián de la fotografía.

Tampoco fingió que la relación presente era igual a la de entonces.

Había aprendido que aceptar el pasado no exigía reproducirlo.

Aquella tarde recibió una llamada de Elena.

Natalia dudó, pero respondió.

—Hola.

—Natalia, no quiero quitarte mucho tiempo.

La voz de Elena sonaba cansada.

—Solo quería decirte algo antes de que te fueras.

—Te escucho.

—Adrián y yo estamos tomando distancia.

Natalia cerró los ojos un instante.

No respondió de inmediato.

—No te lo digo para que hagas nada —se apresuró Elena—. Ni para que pienses que esto tiene que ver con una decisión tuya.

—Entonces, ¿por qué me lo dices?

Elena tardó unos segundos.

—Porque durante tres años hubo demasiadas cosas que nadie te dijo directamente. No quería que te enteraras por otra persona y pensaras que otra vez estábamos decidiendo qué información podías manejar.

Natalia reconoció la diferencia.

—Gracias por decírmelo.

—No sé qué va a pasar entre nosotros.

—Eso es algo que tienen que resolver ustedes.

—Lo sé.

Elena respiró profundamente.

—Y también sé que, aunque termináramos mañana, eso no borraría lo que hice contigo.

Natalia se sentó.

—No.

—No voy a pedirte perdón otra vez.

—Bien.

—Solo quería decirte que lo entiendo.

La llamada terminó pocos minutos después.

Natalia dejó el celular sobre la cama y permaneció quieta.

Una parte antigua de ella, la muchacha de diecinueve años que había preguntado si Adrián podía quererla aunque fuera un poco, habría sentido esperanza.

Pero aquella mujer ya no tomaba sus decisiones.

Natalia no deseaba el fracaso de un matrimonio para recibir una oportunidad.

Y tampoco quería convertirse en el premio que Adrián obtendría si finalmente comprendía sus errores.

Dos días después, Adrián pasó por la casa para hablar con la señora Salazar.

Natalia estaba empacando.

Cuando él terminó, se quedó en el pasillo frente a su habitación.

—¿Puedo entrar?

Natalia miró la maleta abierta.

—Sí.

Adrián pasó y se quedó de pie.

Su mirada cayó sobre la ropa doblada.

—Así que sí te vas.

—Nunca dije lo contrario.

—Lo sé.

Natalia continuó acomodando algunas cosas.

—Elena me llamó.

Adrián se tensó.

—¿Qué te dijo?

—Que están tomando distancia.

Él cerró los ojos un segundo.

—Entiendo.

—No necesito detalles.

—Está bien.

Natalia lo miró.

—Pero sí quiero dejar algo claro antes de que cualquiera interprete esta situación de una manera equivocada.

Adrián esperó.

—Lo que pase entre ustedes no cambia automáticamente lo que pasó entre nosotros.

—Nunca pensé que…

Natalia levantó una mano.

Adrián se detuvo.

—Tal vez no lo pensaste conscientemente. Pero necesito decirlo.

Respiró despacio.

—Si tú y Elena terminan su matrimonio, eso será una consecuencia de la relación de ustedes. No significa que yo esté esperando al otro lado.

Adrián permaneció inmóvil.

—No te pediría eso.

—Bien.

Natalia volvió a doblar una blusa.

—Porque durante muchos años viví creyendo que, si algún día dejabas de verme como a una hermana, todo se arreglaría.

Lo miró nuevamente.

—Ahora sé que el problema nunca fue solamente ese.

Adrián bajó la cabeza.

—Lo sé.

—Me conocías desde niña. Sabías lo que sentía. Me dijiste una y otra vez que me veías como hermana y yo tuve que aceptarlo. Eso estaba bien. Lo que no estuvo bien fue creer que, después de todo eso, podías comprometerte con Elena frente a nuestra familia y luego decidir que yo debía quedarme para entender tus razones.

—Sí.

—Y cuando me fui, seguiste tratándolo como si fuera una rabieta.

—Sí.

Cada aceptación parecía costarle.

Natalia cerró la maleta parcialmente.

—Entonces si alguna vez quieres reparar algo conmigo, empieza por aceptar que quizá no puedas recuperar lo que perdiste.

Adrián levantó los ojos.

—¿Ni siquiera nuestra familia?

Natalia sintió un nudo en la garganta.

—Tú sigues siendo parte de la familia para mi mamá. Y fuiste hermano de Nicolás. Eso no puede borrarse.

Hizo una pausa.

—Pero mi relación contigo me pertenece a mí.

Adrián asintió lentamente.

—Entiendo.

Aquella noche se marchó sin pedir otra oportunidad.

Fue probablemente la primera conversación en años en la que Adrián escuchó una frontera sin intentar moverla.

Al día siguiente, Natalia acompañó a su madre a la tumba de Nicolás.

La señora Salazar llevó flores.

Natalia llevó el viejo llavero que habían reconocido entre sus pertenencias, aunque finalmente decidió conservarlo.

—¿Crees que él estaría enojado con todos nosotros? —preguntó su madre.

Natalia miró la lápida.

—No sé.

—A veces pienso demasiado en eso.

—Entonces tal vez deberíamos dejar de imaginar qué decidiría Nicolás por nosotros.

Su madre la miró.

Natalia sonrió con tristeza.

—Todos llevamos tres años tomando decisiones en nombre de alguien que ya no puede decir qué quiere.

La señora Salazar permaneció en silencio.

Después tomó la mano de su hija.

Natalia comprendió entonces que el verdadero cambio de aquella familia no consistiría en reconstruir exactamente lo que había existido antes.

Consistiría en aprender a vivir sin utilizar la memoria de Nicolás como una obligación.

Adrián tendría que decidir quién era sin la promesa de sustituirlo.

Elena tendría que reconstruirse sin permanecer atada para siempre al accidente.

Y Natalia tendría que descubrir qué quería cuando ya no estaba huyendo de ninguno de ellos.

La siguiente parte de la historia está justo abajo. Sigue leyendo conmigo 👇

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