Stories · Emotions · Life

LEITURA EM PARTESParte 3 de 10

PARTE 3

A la mañana siguiente, Diego y yo fuimos a ver a una abogada recomendada por una compañera suya del trabajo. Valeria quiso acompañarnos, pero le dije que debía abrir su estudio y que aquello era asunto mío. Esperé que insistiera. En cambio, respondió que tenía razón, me pidió que anotara cualquier cosa que no entendiera y se despidió con un simple “me cuenta cómo le fue”.

La abogada se llamaba Patricia y no tardó mucho en quitarme la idea de que bastaba con mostrar un papel para que todo quedara resuelto. Leyó el convenio de divorcio con cuidado, revisó la escritura que yo había conservado y me hizo varias preguntas sobre cómo habíamos llevado a cabo la separación diez años antes. El convenio señalaba que el departamento quedaba para mí, pero la escritura original todavía reflejaba la adquisición hecha durante el matrimonio. Había que revisar cómo había quedado formalizada aquella adjudicación y qué trámites se habían completado después del divorcio.

Sentí un vacío en el estómago.

—Entonces, ¿Raúl puede quitarme la mitad?

Patricia cerró la carpeta antes de responder.

—No estoy diciendo eso. Estoy diciendo que una cosa es tener un derecho y otra tener todos los registros actualizados. Su convenio es importante, y también lo son los antecedentes de pago y la resolución del divorcio. Pero primero necesitamos reconstruir el expediente y verificar la situación registral. No firme, venda ni negocie nada hasta saber exactamente qué tenemos.

Aquella explicación no era la respuesta contundente que yo deseaba, pero precisamente por eso me dio confianza. Nadie prometía arreglar mi vida con una llamada. Habría que buscar documentos, pedir copias, revisar antecedentes y, si Raúl insistía, responder por la vía correspondiente.

Al salir, Diego caminó varios metros sin hablar.

—¿Estás preocupado? —le pregunté.

—Estoy enojado.

No necesitaba preguntarle con quién.

En todos esos años yo había evitado hablar mal de su padre. Cuando Diego era adolescente, me limité a decirle que los problemas entre adultos no eran culpa de los hijos. Después, cuando creció, él dejó de preguntar y yo preferí creer que el silencio había cerrado aquella herida.

Ahora comprendía que solo la había dejado cubierta.

—No quiero que hagas nada por enojo —le dije—. Él sigue siendo tu padre, aunque haya sido un mal esposo conmigo.

Diego frenó.

—También dejó de ser mi padre durante diez años, mamá.

No respondí.

Esa misma tarde, Raúl lo llamó.

Diego miró el nombre en la pantalla durante varios segundos antes de contestar. Yo estaba en la cocina y no pretendía escuchar, pero nuestra casa nunca había sido suficientemente grande para guardar secretos.

—Sí.

Hubo una pausa.

—No, ella no te mandó a decir nada.

Otra pausa, mucho más larga.

—No pienso convencerla de que venda.

Mi mano se detuvo sobre el fregadero.

Raúl, por lo que pude deducir, intentaba explicarle que no quería pelear conmigo y que solo buscaba recuperar “lo suyo”. También dijo algo sobre la posibilidad de darle a Diego parte del dinero si el departamento se vendía.

Mi hijo se levantó del sofá.

—No me metas en eso. Si crees que tienes derecho, habla con tu abogado. No uses mi nombre para presionar a mi mamá.

Colgó.

Cuando entré a la sala, Diego tenía los ojos húmedos, aunque fingía revisar otra cosa en el celular.

—No tenías que pelear con él por mí.

—No lo hice por ti —respondió—. Lo hice porque no quiero que me compre con algo que ni siquiera es suyo.

Aquella frase me dolió y al mismo tiempo me hizo sentir orgullosa.

Por la tarde comenzamos a reunir lo que Patricia había solicitado. Encontré recibos antiguos, comprobantes de pagos, documentos del crédito y copias del expediente del divorcio que llevaba años sin mirar. No todo estaba completo. Algunos papeles se habían perdido y otros eran demasiado viejos para que yo recordara qué significaban exactamente.

Durante mucho tiempo me desesperé cada vez que faltaba algo.

Luego pensé en todos aquellos años trabajando de día y de noche. No había tenido un archivo perfecto porque estaba demasiado ocupada sobreviviendo.

Eso no convertía mi historia en mentira.

Valeria llegó al anochecer con dos recipientes de comida.

—Antes de que diga que no tiene hambre, traje suficiente para tres —anunció.

Diego levantó la mano.

—Yo sí tengo hambre.

—Tú siempre tienes hambre.

Mientras comíamos, les conté lo que había dicho Patricia. Esperaba que Valeria opinara de todo, pero escuchó sin interrumpir. Al final solo hizo una pregunta:

—¿Qué quiere hacer usted?

Fue la primera vez que me llamó “usted”.

Me sorprendió.

—Defender el departamento.

—Entonces eso es lo importante.

La respuesta parecía demasiado sencilla, pero durante años yo había vivido pensando primero en Diego, luego en las cuentas, luego en el trabajo y al final, si quedaba tiempo, en mí. Preguntarme qué quería yo resultaba extrañamente difícil.

Dos días después, Patricia confirmó que había localizado el expediente de nuestro divorcio y pidió copias certificadas de lo necesario. El convenio había formado parte del procedimiento, pero todavía era necesario revisar la forma en que se había asentado la adjudicación de la propiedad. No era una victoria, pero tampoco era la catástrofe que Raúl había querido hacerme imaginar en la puerta.

Esa tarde él volvió a mandar un mensaje.

“Podemos arreglarlo sin gastar en abogados. Dame una cantidad razonable y renuncio al resto.”

Lo leí dos veces.

Diez años atrás había renunciado al departamento porque no quería problemas.

Ahora quería que yo le pagara para que volviera a renunciar.

Por primera vez no sentí miedo.

Sentí claridad.

Le mostré el mensaje a Patricia y seguí su recomendación: no negociar directamente mientras no termináramos de revisar la documentación.

Después bloqueé la pantalla.

Valeria, que estaba sentada al otro lado de la mesa dibujando un diseño para un cliente, levantó la vista.

—¿Todo bien?

—Sí.

Y esta vez era cierto.

No porque el problema hubiera desaparecido, sino porque yo había dejado de enfrentarlo sola y a ciegas.

La siguiente parte de la historia está justo abajo. Sigue leyendo conmigo 👇

 

DESCUBRA MAIS

Histórias mais recentes

Comece sempre pela Parte 1