Stories · Emotions · Life

LEITURA EM PARTESParte 2 de 10

PARTE 2

Sofía bajó la mirada hacia la tarjeta, pero no la tomó. Durante unos segundos nadie dijo una palabra, y la seguridad que había mostrado mientras hablaba a mis espaldas desapareció casi por completo. Yo no necesitaba levantar la voz; solo quería una respuesta concreta. —¿Qué fotografías viste tú personalmente?

Ella apretó los labios y terminó admitiendo que no recordaba haber visto ninguna directamente. Dijo que una amiga se lo había contado años atrás y que había escuchado comentarios similares más de una vez. —Entonces repetiste una acusación sobre mí sin saber si era cierta —respondí— y además la usaste para cuestionar a mi hijo. Sofía intentó decir que no había querido llegar tan lejos, pero ya era demasiado tarde para fingir que todo había sido una broma.

Miré a Adrián. Él seguía sentado, con la mandíbula tensa, como si lo que más le incomodara fuera tener que enfrentarse a la situación frente a sus amigos. —Ahora quiero escucharte a ti —le dije—. ¿Tú también crees que el bebé puede no ser tuyo? Adrián tardó demasiado en responder.

—Nunca dije eso. —Tampoco dijiste que fuera mentira cuando ella lo dijo —contesté. Él se levantó por fin, pero yo retrocedí un paso antes de que pudiera acercarse. Esa pequeña distancia pareció afectarlo más que cualquiera de mis palabras.

Adrián insistió en que estaba cansado, que había bebido y que no era el momento de discutir. Le recordé que Sofía llevaba varios minutos hablando de mi reputación mientras él permanecía perfectamente capaz de escucharla. —Para quedarte callado sí estabas en condiciones —dije—. Para defender a tu esposa, aparentemente no.

Tomé las llaves de la mesa. Sofía intentó detenerme con una explicación apresurada, diciendo que había hablado de más porque estaba molesta al ver cómo Adrián había cambiado desde que se casó. No pregunté qué quería decir con eso. Su opinión ya no tenía importancia para mí.

Adrián salió detrás de mí al pasillo. Me pidió las llaves porque aseguraba que no quería que manejara alterada, y tuve que recordarle que él era quien había bebido. —Voy a irme sola —le dije—. Tú puedes pedir un auto o quedarte con las personas cuya palabra parece importarte más que la mía.

Fue entonces cuando mencionó por primera vez el embarazo. —Natalia, no hagas nada impulsivo por una pelea. Lo miré durante unos segundos, sorprendida por la ironía de que ahora mostrara preocupación. —Mi decisión no empezó esta noche, Adrián. Esta noche solamente dejó de tener sentido seguir aplazándola.

Saqué de mi bolso el sobre que había preparado antes de ir al club. Dentro estaba el convenio de divorcio que mi abogada había revisado conmigo. Se lo extendí sin dramatismo. —Léelo cuando estés sobrio.

Adrián no tomó el sobre inmediatamente. Miró primero mi mano y después mi rostro, como si esperara que yo terminara por retirarlo. —¿Divorcio? —preguntó. —Sí. No vine a amenazarte con irme; vine a cerrar algo que ya estaba roto.

Finalmente agarró el sobre. Su expresión cambió por primera vez desde que había llegado: la irritación dio paso a una incredulidad silenciosa. Me preguntó cuánto tiempo llevaba pensando en eso. —El suficiente para entender que tu distancia no era algo que yo pudiera solucionar teniendo más paciencia.

Quiso decir que podíamos hablar en casa, pero negué con la cabeza. Le expliqué que esa noche dormiría en otro lugar y que cualquier conversación posterior tendría que hacerse cuando ambos pudiéramos hablar sin alcohol, sin Sofía y sin un grupo de espectadores. Era la primera condición que ponía desde que nos habíamos casado. Y no tenía intención de retirarla.

Antes de entrar al elevador, Adrián preguntó si había grabado lo ocurrido. No mentí. —Sí. Escuché lo suficiente antes de entrar. Él cerró los ojos un instante, pero no intentó pedirme que borrara nada.

Las puertas comenzaron a cerrarse. Sofía apareció al fondo del pasillo, aunque se detuvo al vernos. Adrián seguía sosteniendo el sobre del divorcio entre las manos. Yo ya no estaba esperando que eligiera entre ella y yo; la elección que me importaba era la que acababa de hacer por mí misma.

Cuando salí del edificio, confirmé por mensaje la cita médica que tenía programada. También avisé a mi abogada que seguiríamos adelante con el trámite. Por primera vez en meses no sentí que estuviera esperando a que Adrián decidiera qué significaba nuestro matrimonio. La siguiente decisión ya no dependía de él.

Gracias por leer hasta aquí 🙏 La siguiente parte ya está en la sección de comentarios de la página. Toca “Ver todos los comentarios” para leer la Parte 3 👇📖

 

DESCUBRA MAIS

Histórias mais recentes

Comece sempre pela Parte 1